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Serpentine Prison

Se oye decir muchas veces por los mentideros del Indie, sea lo que sea que quiera decir eso, que si Leonard Cohen hubiese sido un grupo, habría sido The National. De ello podría inferirse de forma bidireccional que, si a The National le quitas el grupo, debería resultar algo similar al trovador canadiense. No sé si Matt Berninger, líder y frontman del grupo de Ohio, está de acuerdo con esta afirmación, pero lo cierto es que su versatilidad para la composición de canciones -es autor de gran parte de las letras que conforman la discografía del grupo- y una voz quebrada como pocas, parecen activos suficientes como para afrontar tal reto. O, al menos, intentarlo.

Se antojaba difícil anticipar que este anodino y cansino 2.020 hubiese sido prolífero para esperar una nueva pieza de estudio por parte de Berninger, teniendo en cuenta la productividad reciente del grupo en los últimos años, que lanzaba un reverenciado por crítica y público séptimo álbum – Sleep Well Beast – en 2017 y un casi consecutivo extraño pero amable proyecto audiovisual en colaboración con el director Mike Mills – I Am Easy to Find – en 2.019. Pero Matt no debe ser de los que se aburren en casa bebiendo vino blanco -por mucho que le guste- ocultándose del sol bajo una sombrilla a la espera de tiempos mejores, y que se te presente la oportunidad de grabar con el legendario productor Booker T. Jones, debe ser motivo más que suficiente para meter cuatro cosas en una maleta y encerrarse en un pequeño estudio de la bahía de california rodeado de amigos a ver qué sale. Y es que, en palabras del propio cantante, es algo pretencioso considerar este Serpentine Prison como un disco en solitario, ya
que por allí han pasado viejos conocidos como Matt Barrick de The Walkmen, Andrew Bird, o el propio Scott Devendorf de The National.

Así, lo que en un principio iba a ser un álbum de versiones, derivó en un producto intimista, con letras escritas por y para él mismo, y con la sombra de su admirado Willie Nelson sobrevolando el océano en todo momento -mención especial a esa segunda parte de Collar of your shirt, donde Berninger aspavienta para quitarse los pocos complejos que le pudieran quedar, si es que le quedaba alguno, y acercarse al Country más clásico del mítico cantautor texano-.

El resultado quizá sea café para los más cafeteros, no apto para todas las audiencias, y orientado a los más fanáticos, que se acercarán al LP con cierto escepticismo para comprobar que el estilo se aleja considerablemente de las innovadoras guitarras y la contundente batería -contundentes en los últimos tiempos- del grupo de Cincinnati, pero respirando aliviados al advertir que ese precisamente, puede que sea el gran acierto del disco, que apuesta por una composición más melódica, con notas de piano de fondo y guitarras acústicas como protagonistas. Un trabajo que
se acerca a lo largo de sus diez temas al folk, el blues y el soul más puros, sin dejar de lado los momentos de excentricidad más absolutos a los que el cantante nos tiene acostumbrados y que tienen en One More Second -probablemente el single que más repercusión alcance- su versión más reconocible.

Algo bueno se atisbaba cuando allá por el mes de mayo se anunciaba la noticia de esta aventura solitaria, coincidiendo con el primer adelanto del álbum, precisamente el tema que da título al mismo -Serpentine Prison- y que supone un final sobresaliente a un trabajo que, si bien no es redondo en todo su recorrido, da para que el propio Cohen estuviera orgulloso si levantara la cabeza, y pudiera comprobar que, sobre todo su voz, ha quedado a buen recaudo.

Autor: Rubén García